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Una década después del 'boom' de las granjas de este tipo de aves, apenas queda ya nada La Delegación de Agricultura sólo tiene censados en la actualidad en toda la provincia diez ejemplares, repartidos entre Hellín y Ayna.
Alta rentabilidad con inversiones relativamente modestas. El campo albaceteño vio, a mediados de la década de los noventa, grandes perspectivas de negocio en torno a un ave que de repente se había puesto de moda: el avestruz.
El epicentro de este 'boom' se situó en la zona de Hellín, donde en la actualidad todavía quedan siete animales censados. Ese es casi el único rastro de las más de 30 granjas y 8.000 ejemplares de esta especie que llegaron a contabilizarse en la provincia. Originaria del continente africano, del avestruz se consideraba que podía aprovecharse prácticamente todo, y a muy buen precio para el criador. En el año 1996, el precio de la carne -semejante en sabor y textura a la ternera- oscilaba entre las 2.500 y las 5.000 pesetas el kilo, mientras que cada huevo cotizaba a 10.000 pesetas, 60 euros de los de hoy.
Las necesidades
Para poner en marcha una explotación tampoco eran necesarios demasiados medios materiales o de mano de obra, aunque sí contar con terrenos suficientes, de unos 500 metros cuadrados por cada tres animales. Las perspectivas eran buenas y muchos se lanzaron a una aventura que en Albacete se centró, sobre todo, en la venta de los huevos...
aunque el Matadero Municipal de la capital también vio en los avestruces una manera de sanear sus cuentas y se embarcó en el sacrificio y faenado de estas aves mediante el alquiler de una de sus salas. «Era la moda de las carnes exóticas», recuerda Pedro Cantos, funcionario del Matadero, quien indicó que la operación, fechada en el año 1999, se concertó con la empresa Lisabeth Avestruces, S.A., hoy desaparecida y que tenía su sede en la pedanía hellinera de Cancarix. La 'maquinaria' se puso en marcha primero con la carne y luego con la comercialización de los huevos y los pollos, pero al cabo de unos años «el negocio dio en quiebra y dejó pillados a muchos ganaderos». Así lo explica Félix Fernández, de SAT Uchea, en Hellín, una de las dos explotaciones que aún están registradas en la Delegación Provincial de Agricultura. En estos momentos, en Agricultura sólo consta esta granja y otra en Ayna, que suponen en total 10 avestruces, el último reducto de estas aves en la provincia albaceteña».
La empresa se dedicaba a suministrar los animales a los ganaderos, y luego les compraba los huevos para sacar los polluelos y exportarlos a Bélgica», comentaba Fernández, que llegó a tener cien avestruces y a adquirir ejemplares a otras granjas con el objetivo de «seguir vendiendo los huevos si el negocio repuntaba y poner una incubadora». 50 huevos al año Cada hembra podía poner una media de 50 huevos al año, con un precio por unidad que en los mejores tiempos llegó a situarse en 60 euros y, al final, en 10 ó 12 euros, «lo que tampoco está mal, aunque al final no hubo mercado». Jesús Palacio, de Ayna, explica que al principio «las cosas pintaban muy bien».
Este profesional, dedicado desde siempre a la construcción, vio en los avestruces una oportunidad y puso 15 animales. Sin embargo, y aunque una empresa comenzó a llevarse todas las semanas los huevos de la explotación, no llegaron a pagárselos como estaba previsto, de forma que, según cuenta, no pudo recuperar nada de la inversión inicial, que cifró en unos «cinco o seis millones de las antiguas pesetas». «Mucha gente nos metimos y 'pinchamos', aunque otros 'hicieron el agosto'», comentaba Palacio, subrayando que «los que me vendieron los reproductores ganaron mucho dinero».
En el teléfono de la empresa Lisabeth, todavía operativo, aseguran no tener ya nada que ver con el negocio de los avestruces, y algunas personas que conocieron de cerca la vertiente comercial de la actividad han preferido no hacer declaraciones a La Verdad. Ruinoso «Todo resultó ruinoso», indica Jesús Palacio, explicando que tras el 'boom' se quedó con unas cuantos ejemplares de avestruz «por capricho».
Hoy en día aún conserva dos de estos espectaculares animales «como el que tiene un gato», mientras que en Hellín, Félix Fernández asegura que las siete aves que todavía le quedan, con edades de 13 y 14 años, le sirven «para reciclar lo que el resto del ganado no se come» en su explotación actual, dedicada a la agricultura ecológica. Fuente: La Verdad
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