El monumental nogal, árbol singular, murió hace casi dos años, pero
seguía en pie Las nogueras de Nerpio se están viendo afectadas por una
enfermedad y por las talas
En octubre de 2005 denunciábamos en La Verdad la agónica situación en
que se encontraba el nogal. Esperábamos que con aquella crónica la
Administración despertase de su inconsciencia y pusiese los medios para
salvarlo, pero solo se quedó en la crónica de una muerte anunciada.
El otoño se llevó sus enfermizas hojas y pasamos el invierno
especulando cuál sería la reacción del árbol en primavera. En la
primavera de 2006, cuando las hojas comenzaron a salir en las nogueras,
todos mirábamos al Plantón conteniendo el aliento y, cuando ya creíamos
que había muerto, un tierno y verde tallo brotó de una de las ramas de
adentro. Fue un suspiro, el último aliento con el que el Plantón del
Covacho decía adiós a la naturaleza que lo acompañó y a los humanos que
lo amamos. Para la Virgen de agosto aquel tallo se había secado.
Aunque sí es el momento, no quisiera hacer leña del árbol caído.
Más bien quisiera que la Junta de Comunidades se pusiese a trabajar
(mucho y en serio) y con sus actuaciones evitase que los troncos de
enormes nogales aparezcan en primavera apilados junto a los caminos
esperando el camión que los llevará a diferentes lugares de España y
del extranjero. El pasado verano, un historiador japonés de la
universidad de Kyoto que andaba por España estudiando el arte rupestre
mediterráneo vino a Nerpio para conocer nuestras pinturas. Quedó
impresionado por la calidad e importancia de las mismas, pero quedó
también igualmente admirado por la grandeza y majestad de los nogales.
Cuando le explicamos que todos los años los mejores ejemplares eran
sacrificados para ser transformados en muebles de lujo, no podía
entender...
por qué las autoridades permitían que se produjesen estos actos impíos e incluso malvados.
Para que lo comprendiese, tuvimos que recordarle que también su
gobierno defendía la caza de ballenas y permitía la matanza de delfines
en las bahías de su país. Kitajima Toyoda sintió entonces la vergüenza
institucional que sufrimos los que desde hace muchos años venimos
defendiendo el derecho a la vida del nogal.
La plaga
Pero no son las motosierras la única plaga que se ensaña con
nuestras nogueras. Una terrible epidemia puede acabar en muy pocos años
con más de 30.000 nogales. Es posible que comenzase a principios del
milenio porque en el 2005 ya era evidente; el 23 de octubre de ese año
en las páginas de este mismo periódico escribimos «¿Atención!, en
Nerpio se están muriendo nogales, no sé si de manera aislada o por
contagio de enfermedad, pero sí sé que paseando por las huertas se ven
varios árboles con los mismos síntomas que empezaron otros (entre ellos
el Plantón) y hoy están secos».
Si hoy paseamos por esas mismas huertas (un radio de tres
kilómetros en torno al pueblo) veremos que un treinta por ciento de los
nogales ya están severamente dañados por los efectos de una enfermedad
que a juicio de algunos especuladores internautas es la Tinta del nogal
o mal negro (Phytophthora cinnamomi).
Los síntomas son: palidez de las hojas en determinas ramas del
árbol; desfoliación de esas ramas antes del otoño; al verano siguiente
la rama ya está seca y el proceso de desfoliación se centra en otras
zonas del nogal. En menos de diez años ya está completamente seco. La
enfermedad la produce un hongo que se enquista en las raíces y que se
propaga con la escorrentía de las aguas incluso por el subsuelo.
Estamos en una situación crítica. Necesitamos ayuda con urgencia.
Si no comenzamos a combatir la enfermedad (sea la que sea) en menos de
diez años más de cinco mil nogales habrán muerto y más de veinte mil
habrán desarrollado la enfermedad.
No son cifras exageradas, son datos deducidos de la evolución que
en los últimos tres años ha tenido el contagio de la enfermedad. Si
esta avanzara de forma exponencial, los tiempos se acortarían y
aumentaría el número de individuos afectados. Sería una horrible
calamidad y una irresponsabilidad sin precedentes si dentro de unos
años me tengo que volver a citar.
¿Qué se puede hacer? ¿Cómo luchar contra este desastre que nos
amenaza? En primer lugar, el gobierno de Castilla la Mancha debe tomar
conciencia del problema y no perder ni un minuto en divagaciones
estériles sobre competencias, responsabilidades y posibilidades de
actuación.
Creo que la Junta de Comunidades no debe ser la única institución
implicada en esta lucha; la vida de más de 30.000 nogales está muy
seriamente amenazada y el impacto medioambiental que provocaría su
desaparición sería tan tremendo que obliga al gobierno de la nación y a
la Unión Europea a implicarse subvencionando y proporcionando los
medios científicos y tecnológicos para realizar la labor.
Este mismo año, expertos (titulados, no enterados) deben definir la
enfermedad y formar a una serie de capataces que dirijan varias
cuadrillas de hombres y mujeres que excaven, limpien y saneen las
raíces de cientos de nogueras que ya han contraído la enfermedad. Los
subsidios para el desempleo tendrían en esta lucha un buen destino.
Es posible que en nuestra región no existan expertos en nogales
para liderar una lucha científica contra esta enfermedad, pero en
alguna ocasión hemos proporcionado a la administración los teléfonos de
ingenieros y biólogos de regiones vecinas que son auténticos expertos
en nogales y estarían encantados de colaborar en la lucha contra esta
enfermedad. Además, hay Facultades en Albacete que en su campus han
levantado monumentos al Plantón; estoy seguro que los alumnos de la
Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Albacete se
sentirían orgullosos de poder estudiar e investigar sobre posibles
remedios que curen y fortalezcan los nogales de la Comunidad.
Un desastre ecológico sin precedentes nos amenaza; necesitamos un
político que nos libre de ese mal. Gobierno y oposición: dejad de
restregaros Guadalajara y luchar para que el síndrome del Plantón no se
vuelva a dar.
Son muchas las voces que afirman que la causa de la enfermedad está
en la falta de cuidados que sufren las nogueras por el abandono de sus
propietarios. Es posible que esto sea cierto para otro tipo de plagas
de superficie, no para la que nos ocupa. De todas maneras, con los
exiguos beneficios que los propietarios obtienen con la venta de las
nueces, no les resulta rentable dedicarle los cuidados que se precisan
para mantener saneado el árbol.
Prioridades
Creo que debería ser una prioridad para el Ministerio y
Consejería de Medio Ambiente mantener sano ese inmenso bosque de
nogales que sombrea buena parte del sur de nuestra provincia, por ello,
se debería llegar a algún tipo de acuerdo con los propietarios para que
cuadrillas de trabajadores labren, caven, escarden, fumiguen y
proporcionen los cuidados que necesita un nogal, como se hace, por
ejemplo, con los pinos. Más importante que reforestar es no perder el
patrimonio conseguido.
Recientemente, León Molina escribía en las páginas de este diario
un artículo en el que ponía de manifiesto la necesidad de leyes que
conviertan en especie protegida al nogal.
Hablaba de esa extraña simbiosis que se produce entre el nogal y
Nerpio y el nerpiano y el nogal, de lo necesarios que son para el medio
ambiente, para el paisaje, para el incipiente turismo rural que en
Nerpio se está comenzando a desarrollar
En fin, un magnífico artículo propio del talento y la sinceridad
del señor Molina y una magnífica publicación por parte de La Verdad,
que siempre ha hecho lo posible para que nuestro alejado pueblo no siga
sumido en el secular abandono al que siempre lo han confinado los que
ejercen el poder y, sobre todo, siempre ha sido un diario especialmente
sensible en la defensa de estos magníficos nogales que constituyen
nuestra seña de identidad.