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La escasez de alumnos pone en vilo el futuro de colegios rurales en pedanías de la Sierra
Para contar con un maestro la población necesita un mínimo de cuatro
alumnos María, la única niña en edad escolar de la pedanía yestera de
Góntar, se ha tenido que trasladar a Arguellite
El alumno de una pedanía no compite en igualdad de condiciones con los
de la capital. La prueba de ello es María, una niña de 11 años, de la
pedanía yestera de Góntar, que se ha quedado sin colegio. Y es que en
septiembre del año pasado se encontró con que era la única alumna,
situación que le obligó a trasladarse a diario al centro rural agrupado
de la pedanía de Arguellite, a 35 kilómetros de su casa y 45 minutos de
coche.
La provincia envejece, la sierra pierde población y la tendencia
lleva a que la gente joven programe su futuro en la capital. Pedanías
como La Dehesa, de Letur, o Cotillas, de Riópar, el año pasado sólo
tenían cuatro alumnos. La situación no era mucho mejor en pedanías
hellineras como Agra o Las Minas, con 5 y 7 alumnos respectivamente.
Hay que tener en cuenta que estos niños reciben clase en los
centros rurales agrupados, es decir, compartiendo aulas con estudiantes
de distintas edades y en grupos muy reducidos. La Consejería de
Educación les facilita un docente para la etapa escolar siempre y
cuando haya un mínimo de cuatro alumnos en la pedanía, pero en casos
como el de María, que se quedó ella sola, no hay más opción que la de
viajar.
No superan los quince niños en edad escolar en las pedanías ya
citadas y en...
La Herrera, Los Mardos, Santiago de Mora, La Dehesa de
Val, Vegallera, Villavaliente, Pesebre, La Felipa y Fuensanta, en
otras, como Plañel, o no hay niños o hay menos de cuatro. Las zonas
rurales cuyas pedanías presentan mayores problemas de pérdida de
alumnado son Hellín, Alcalá del Júcar, Riópar, Lezuza y Molinicos.
No obstante, los pueblos cuyos colegios -no centros rurales- tienen menor número de alumnos son Molinicos, con 52 estudiantes el año pasado; Bogarra, con 55; Férez,
con 70; Pétrola, con 85; Bonete, con 91 y San Pedro, con 99. Hellín
puede presumir de ser el municipio con mayor número de alumnos en sus
aulas, seguido de Almansa, Villarrobledo y La Roda. Pero mientras estas
localidades están entre los más de 5.600 alumnos de Hellín y los 2.700
de La Roda, en Liétor, Mahora, Minaya, Albatana, Pozohondo o Pozo
Lorente rondan el centenar.
Medios
De todas formas, al margen de las estadísticas, el problema no
está en el número de alumnos sino en los medios humanos y materiales de
los que dispongan. En el caso de María, el hándicap no está sólo en las
distancia. Es la única niña en edad escolar de una pedanía en la que no
tiene ni acceso a Internet ni cobertura de móvil. Para ella, el verano
es la única época del año en la que puede jugar con niños de su edad
que llegan a Góntar para pasar las vacaciones. No ve el momento de que
pase el próximo curso, porque en septiembre del 2009 estará en el
instituto de Yeste. Su meta es estudiar Magisterio en Albacete. «Me dio
pena que cerrara el cole, aunque ya ha pasado otras veces. Ahora estoy
en Arguellite y antes estuve en Plañel, otra pedanía que ya no tiene
colegio».
Los padres de María, Pedro y María Engracia, son de Góntar. Hace 19
años decidieron abrir su propio negocio, el hostal rural Casa Pedro, y
nunca hasta ahora se habían arrepentido de apostar por su tierra. La
pareja se alegra de no haber abandonado su pedanía, como hicieron
muchas parejas de su generación, porque el negocio va bien y en Góntar
tienen sus raíces. Sin embargo, María Engracia reconocía que sus hijos
no tienen las mismas oportunidades que otros niños. «María tiene que
estar 90 minutos en la carretera a diario y quedarse a comedor de lunes
a miércoles y mi hijo, que va al instituto a Yeste, tiene que
levantarse a las siete de la mañana y no regresa hasta las tres de la
tarde». «Cuando vuelven a casa -aseguraba esta madre- ya es de noche.
No echan de menos a niños de su edad porque cuando regresan ya no
tienen tiempo ni de jugar».
La situación
La familia de Pedro y María Engracia depende del coche para
todo. El médico pasa consulta una vez a la semana, tiempo suficiente si
no hay una urgencia, ya que en invierno no viven más de un centenar de
vecinos. Y es que Góntar es un enclave único para aislarse del mundo.
No hay posibilidad ni de comunicarse a través del móvil ni de acceder a
Internet. De hecho, el teléfono móvil de la pedánea está apagado o
fuera de cobertura cuando se encuentra en su casa y sólo en algunas
zonas de la pedanía puede establecer conexión.
«No puedo hablar con mis amigos ni por Internet ni por el móvil,
porque no funciona nada, y las carreteras están supermal», se quejaba
María. Esta niña aseguraba ayer que no tiene ganas de que empiece el
curso por volver a la carretera. «Me gusta hacer nuevos amigos, pero yo
abriría de nuevo mi cole».
Albacete capital, con 33.125 alumnos, se lleva el grueso del
alumnado total de la provincia, que es de 67.149 estudiantes en
enseñanzas no universitarias. De todas formas, los institutos están en
las poblaciones más grandes, hay colegios en la práctica totalidad de
los municipios y los centros rurales agrupados son el recurso para
atender a los alumnos de las pedanías.
Hay que recordar que, si bien hay casos como los de María, cerca de
3.000 alumnos se escolarizan todos los años sin necesidad de tener que
abandonar su pedanía. Los Centros Rurales Agrupados (CRA) les permiten
a estos niños de la provincia compartir clase desde los 3 a los 12 años
con sus vecinos. Conviven a diario con menores de todas las edades,
pero a cambio reciben clases prácticamente personalizadas, porque la
ratio oscila entre los 4 y los 13 alumnos.
Plantillas
Sin embargo, la niña de Góntar no sólo echaba de menos su
colegio, también a sus maestros, que han ido rotando a lo largo de su
infancia. El problema está en que el 50% de los docentes que trabaja en
estos centros rurales cambia de puesto todos los años, con lo que niños
y padres pierden contacto con el maestro de referencia.
Los sindicatos ya llamaron la atención sobre esta situación después
de analizar el Informe España 2007. Una interpretación de su realidad
social. Este estudio demuestra que la situación del docente de un CRA
es diferente a la de todos los demás. Cuentan con un centro de
cabecera, pero maestros como los de Inglés tienen que ir, con su propio
coche, de pedanía en pedanía, para dar sus clases. Así, el CRA funciona
como un colegio, sólo que la jefatura está en un pueblo y las aulas
repartidas por las diferentes pedanías.