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Pan a la manera tradicional PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Merche   
jueves, 28 de agosto de 2008

La fabricación de pan en los viejos hornos de piedra aún se lleva a cabo en algunos cortijos de las sierras

Hay tradiciones que aún se mantienen en nuestra provincia a pesar del paso del tiempo y la llegada de la modernidad. Hay viejas costumbres que en algunos lugares se siguen realizando de la misma manera que las hacían nuestros ancestros hace miles de años. Una de esas actividades, que aún se conserva y se hace como antaño, es la fabricación de pan en los viejos hornos de piedra, hornos que aún aparecen adosados a las viviendas de muchos cortijos de las sierras de Alcaraz y Segura.

Angelita Rodríguez, una mujer que vive en Rincón Cavero, una cortijada de Yeste, situada a pies del Calar de la Sima, en un paraje verdaderamente paradisíaco de las cercanías de Arguellite, sigue elaborando el pan de esta manera tan tradicional, como así le enseñó su madre hace muchos años. Allí vive junto a su marido Domingo y sus suegros Cristina y Dionisio de cultivar unos pequeños hortales y de la cría de un pequeño rebaño de ovejas segureñas, que pastan en los frescos pastos de los alrededores del cortijo.

Aunque Angelita no suele hacer ya el pan semanalmente, como hacía años atrás,
cuando recibe la visita de la familia y sus trabajos para el Ayuntamiento de Yeste y las tareas del hogar se lo permiten, hace humear el horno y se pone a preparar el pan de esta manera tan tradicional, aunque a la vez tan laboriosa. Para ello es preciso elaborar la masa, para lo que se vierte la harina en una pequeña artesa de madera, en la que se cierne con un cedazo para quitarle el salvado. En esa misma artesa se amasa, mezclándola con la creciente (levadura) y añadiendo agua caliente y sal.
 

Continua... 

Mientras se mezclaba la masa con las manos se solían recitar unas palabras, que Angelita pronuncia para no perder esa costumbre, al tiempo que hace una Cruz en el aire con la mano: «por el Señor y su Madre, por las tres personas de la Santísima Trinidad, por todos los santos y santas y porque no salga ni dulce ni salado».

Una vez hecha la mezcla se deja reposar, tapándola con un tendido de algodón, pequeña tela fabricada para éste y otros menesteres domésticos. En invierno, cuando los fríos arreciaban, se solía emplear un tendido de lana. Incluso si el ambiente era extremadamente gélido se tapaba la masa con una manta o se ponían unas latas con ascuas bajo de la artesa.

Cuando la masa sube, fermentada por las levaduras, un par de horas después de amasada, se separa la creciente para la próxima cochura (harina amasada para cocerla), guardándola en un recipiente de barro. A continuación se da forma a los panes, sobando bien la masa, para que no se formen grumos, y se reza la siguiente oración: «Dios que te ha visto nacer, que te vea crecer. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

Antes de que termine de fermentar la masa por completo hay que preparar el horno y cargarlo con gruesos troncos de carrasca o pino, que se introducen en el interior con un hurgonero, horquilla de dos puntas de hierro unidas a un palo de madera. Cuando la leña ha ardido se aparta con un recogedor, especie de pletina de hierro doblada en ángulo recto y provista de un largo mango de madera. Luego se barre con el barredor, al que se ata un saco de arpillera en su extremo delgado.

Finalmente, tras tantear el suelo del horno con un puñado de harina, se introducen en su interior con una pala de madera, tapándolo por completo. Una hora después, aproximadamente, tras comprobar que se han cocido, se sacan los panes y se colocan en una tabla para que se enfríen. Ya fríos se guardan en un escriño de paja de centeno, cuyo interior se recubre con un tendido de algodón. El siguiente, y último paso, es probar los panes, y éstos mejoran en muchos puntos, en cuanto a su sabor, al pan que se fabrica de manera industrial.

La construcción de los hornos de pan en las sierras de Alcaraz y Segura era obligada en todos los cortijos y aldeas, pues su lejanía a las principales poblaciones impedía la llegada del panadero. El material empleado era la piedra y el barro, el mismo que para las viviendas, que luego se lucía con cal por el exterior. El interior se cubría con arcilla, que se cocía tras prenderle fuego al horno.

Hoy día los modernos medios de comunicación, la construcción de carreteras y pistas forestales, el abandono de los viejos cortijos y caseríos y la fabricación de pan de manera industrial en los modernos hornos eléctricos, está llevando a la desaparición de este tipo de construcciones, auténticas reliquias del pasado.

Fuente: La Tribuna de Albacete 

Imagen: www.masdenoguera.coop



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