Nerpio, a 180 kilómetros de la capital
albaceteña, es el municipio más alejado de toda la provincia. Con un
término municipal que cuenta con más de 430 kilómetros cuadrados,
posee, en su terreno, un conjunto de maravillas históricas y un entorno
natural maravilloso y envidiable, enmarcado en plena sierra fronteriza
con las provincias andaluzas de Jaén al oeste y Granada al sur, y con
la vecina Región de Murcia en el este del término.
Entre sus encantos turísticos, cabe destacar el conjunto de pinturas
rupestres que son Patrimonio de la Unesco, el Castillo, la Iglesia
parroquial dedicada a la Purísima Concepción, el Molino de las Fuentes,
la Fuente de Taibilla, la reserva natural de la Sierra de las Cabras,
el Plantón del Covacho o la Atalaya.
Sin embargo, según parece, los albaceteños no visitan con mucha
frecuencia esta localidad que, si bien es cierto que se encuentra muy
alejada de la capital, cuenta con todos estos puntos de interés, y
algunos más, para pasar unos días agradables disfrutando de las
comodidades y oportunidades que ofrece el turismo rural de nuestra
provincia. «Vienen muchos turistas de Murcia y de Alicante, pero casi
nadie de Albacete, cuando vienen albaceteños yo les aplaudo», declaró a
La Tribuna Elena Sánchez, una de las guías de la Oficina de Turismo de
esta localidad albaceteña.
Dentro de las múltiples posibilidades que ofrece el municipio para
hacer turismo, una visita obligada son las pinturas rupestres, que
desde el año 1998 forman parte del conjunto de maravillas declaradas
por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. De los diferentes
conjuntos de pinturas rupestres encontrados por la zona, destaca...
el de la Solana de las Covachas, aunque
también son importantes el del Trocal de las Bojadillas, el Molino de
las Fuentes o el del prado Tornero. Y es que Nerpio cuenta con el
enclave de arte rupestre con más magnitud de toda Castilla-La Mancha,
con un total del 70 por ciento de muestras de este arte en la región.
En el conjunto de la Solana de Covachas, se pueden contemplar una serie
de dibujos que datan desde el año 9.000 hasta el 4.000 antes de Cristo.
Debido al gran tamaño de la franja temporal, se pueden distinguir los
dos estilos principales de pintura rupestre que se dieron en la
Península Ibérica: el levantino, con la figura humana como principal
personaje, y el esquemático, en el que se aprecia una mayor capacidad
de abstracción en las representaciones pictóricas.
«Vemos escenas de caza, en las que el hombre aparece como cazador y
guerrero, pero también otras en las que la mujer aparece ligada a la
danza, así como a tareas de recolección de frutos silvestres», explica
la guía Elena Sánchez, mostrando las pinturas de uno de los más de 70
abrigos que cuentan con estas manifestaciones artísticas en el término
municipal de Nerpio.
Efectivamente, a pesar del paso del tiempo, se pueden apreciar a la
perfección las siluetas de las figuras humanas y de los animales
dibujadas hace millares de años. «Se han conservado tan bien porque se
han fosilizado en los abrigos de la montaña, hay que tener en cuenta
que estas pinturas son de finales del paleolítico y de principios del
neolítico», dice Elena Sánchez.
Y mucho ha tenido que ver el Consistorio de Nerpio en la buena
conservación de estas obras de arte, pues han reforzado la seguridad
para evitar que los visitantes y curiosos deterioren las pinturas «ya
que ha habido problemas con gente que entraba a verlas y las mojaba,
cubriéndose algunos dibujos con sal». Es por ello que ahora sólo se
pueden visitar acompañados de un guía, cuyos servicios se pueden
solicitar en la Oficina de Turismo de Nerpio, desde la que se organizan
visitas y excursiones con las explicaciones de un guía especialista en
el tema a este enclave situado a unos 12 kilómetros de la localidad.
Núcleo Urbano. El municipio de Nerpio, con unos 1.600 habitantes,
cuenta también con muchos atractivos, para los turistas que lo visitan,
en el propio núcleo urbano. Como suele ocurrir en muchos pueblos
localizados en las cercanías de la sierra, Nerpio mantiene unas
similitudes con las estructuras urbanas medievales, fruto de sus
orígenes y de su desarrollo histórico. Es por ello que las callejuelas,
estrechas e irregulares, mantienen su encanto intacto todavía, así como
las plazuelas, que se suceden, una tras otra, en el plano que conforma
el urbanismo de esta localidad de la provincia de Albacete.
Entre los edificios de la localidad, destaca la Iglesia, en la plaza
principal, dedicada a la Purísima Concepción, cuyos orígenes, según
Elena Sánchez, «se remontan a los años próximos al 1.600». En su
interior se pueden contemplar los frescos que la decoran, así como el
Cristo Yacente, que está situado en una capilla lateral.
Otra obra arquitectónica de suma importancia es el Castillo de Taibilla
o de Taibona, que está construido sobre una meseta rocosa a la orilla
del río Taibilla, a unos 7 kilómetros de la localidad. El Castillo es
de origen musulmán, fechados sus orígenes en el siglo XI. Dos siglos
más tarde fue reconquistados por la Orden de Santiago, convirtiéndose
en un punto para la defensa militar hasta que en el año 1942 cayera la
cercana Granada, quedándose, de este modo, el Castillo sin uso.
Actualmente se está llevando a cabo un proceso de restauración, ya que
desde que quedó en desuso, se convirtió en ruinas.
Muchos de sus parajes cercanos son visitados por los turistas, dada la
belleza del entorno natural. Entre ellos, se puede destacar el Molino
de las Fuentes, donde son numerosos los visitantes que lo frecuentan
practicando distintas actividades como el senderismo o espeleología.
El Plantón de Covacho es otro de los lugares preferidos para los
visitantes de la localidad albaceteña. Se trata de los restos
rehabilitados de un nogal, cuyo tronco medía unos seis metros de
diámetro. Hasta hace pocos años todavía se conservaba con vida y tenía,
aproximadamente, unos 500 años de duración. No es de extrañar que sea
uno de los puntos con más atractivo del entorno natural.
Además, también se puede disfrutar de otros parajes naturales de
belleza contrastada. Por ejemplo, la Fuente del Taibilla, donde nace el
río, la Atalaya o la Sierra de las Cabras, que está clasificada como
reserva natural, dadas sus importantes características.
Fuente: La Tribuna de Albacete
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