|
{mosimage} Existe en el sur de la provincia de Albacete un
término municipal que se llama Nerpio, pero que bien pudiera llamarse El Jardín
Neolítico. En ese territorio están documentados más de setenta yacimientos de
pinturas rupestres del arte levantino, declaradas por la ONU Patrimonio de la
Humanidad y considero que no es difícil que aparezcan más por lo intrincado del
terreno y porque todavía no se ha llevado a cabo una búsqueda sistemática, salvo
por parte de algún entusiasta estudioso local.
Algunos son una sucesión de
covachas con decenas de figuras cada una de ellas. Otros son más modestos;
aparecen en refugios aislados y cuentan con algunas figuras y signos. Algunas de
éstas, sin embargo, unen al valor de las propias pinturas, un entorno de una
belleza espléndida y, por qué no, el encanto añadido del reto de una naturaleza
dura y una pequeña aventura. Alguna de estas covachas se ubican en farallones
impresionantes a los que se accede tras un no fácil recorrido por breñas donde
no hay más senda que las trazadas por jabalíes y cabras monteses y por cárcavas
donde los montes se te echan encima y te recuerdan que eres pequeño en medio de
la naturaleza.
El pasado fin de semana visité una de ellas en un día de nieblas
que dibujaban paisajes de ensueño en permanente cambio. Una lluvia fina
arrancaba de la tierra olores puros, mientras pájaros cercanos e invisibles
emitían cantos desconocidos, poniendo sonido a la emoción y la belleza.
Realmente, sentado en esos refugios, de espaldas a las pinturas, con la vista
puesta en los valles y montañas de todos las azules, era fácil echar a volar la
imaginación y rememorar la vida y las sensaciones de nuestros remotos
antepasados.
El municipio de Nerpio, pobre y despoblado, posee unas riquezas que
podrían bastar para dar un medio de vida a sus gentes y evitar la emigración que
ellos, enamorados de su tierra, llevan de un modo doliente. Yo disfruto de esos
parajes, rey solitario en mi jardín neolítico, pero no cedo al egoísmo y deseo
que otros puedan también disfrutar y que los nerpianos puedan arrancar los
nuevos frutos de la tierra a través del turismo rural y eocológico.
Pero hace
falta que alguien se acuerde de Nerpio, que como le pasa a Teruel, también
existe. Hay que hacer inversiones a las que el municipio solo no alcanza(una
brillante iniciativa local -El Parque Cultural de Nerpio- camina muy lentamente
falta de recursos). Y que los nerpianos sean así los primeros protectores del
legado que la naturaleza y los humanos dejaron en su tierra para toda la
humanidad.
www.elpuente.blogia.com
|