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El salario, el estado de caminos,y la estabilidad laboral, preocupaciones de los trabajadores forestales CC OO hace rutas periódicas para conocer su situación
Ni héroes ni temerarios. No se sienten ni lo uno ni lo otro. Para los trabajadores forestales, es decir aquellos que se dedican a la prevención y extinción de incendios en nuestros montes, el suyo es simplemente el oficio que han elegido. Una profesión dura y mucho menos reconocida socialmente que el resto de la inmensa mayoría de los oficios relacionadas con la seguridad y la protección ciudadana.
José Antonio es uno de los 646 trabajadores que componen en la provincia este año el dispositivo de Prevención y Extinción de Incendios. Es uno de los vigilantes de la torre de vigilancia fija de Pozo Reolid, ubicada en Letur. Este es su primer año en la torre pero no es la primera vez que trabaja en el dispositivo contra incendios forestales......
Conoce el monte en el que se mueve como la palma de su mano. La flora, la fauna, y el recorrido que siguen los múltiples e intrincados caminos que se divisan desde su puesto de trabajo, nada le es desconocido. Algo fundamental ya que suelen ser ellos precisamente, los trabajadores de las torres de vigilancia, los que primero suelen avistar el fuego alertando al resto de efectivos e incluso guiándoles a veces.
«Lo más difícil son las noches, son muchas horas. Por lo demás es un trabajo muy llevadero. También hay que tener cuidado con las nubes y con los rayos», dice José Antonio.
«Ellos son los ojos del monte», repite Fernando Moreno, delegado de Prevención y Salud Laboral de CC OO dentro de Tragsa, concesionaria del servicio de prevención y extinción en Albacete. Fernando sabe bien de la importancia del trabajo de los que operan desde las torres de vigilancia.
Visitas
Él es uno de los integrantes, con un gran bagaje profesional a sus espaldas, del retén de Férez. Una labor que ahora compagina con sus nuevas tareas sindicales de las que dice sentirse muy orgulloso. Periódicamente visita cada uno de los retenes, casetas de vigilancia, y patrullas para comprobar que se cumple la normativa en materia de prevención y atender los más diversos problemas laborales que le puedan plantear los compañeros. En esta ocasión acompaña en su día libre a Manuel Amores, delegado de CC OO por Tragsa, en su visita a varios retenes y casetas de la sierra albaceteña. Un trabajo que desde la Federación Agroalimentaria de CC OO se lleva a cabo de forma intensiva por toda la provincia cada año desde que se inicia la campaña de extinción en el mes de junio.
Son los intermediarios con la Administración y la empresa a la hora de plantear mejoras en las condiciones laborales fundamentalmente. En estos días trasladan a los trabajadores el contenido de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia acerca de una de sus reclamaciones. También contribuyen a la elaboración de las plataformas que el sindicato presenta a la hora de abordar la negociación colectiva del sector.
El bajo salario que perciben, entre 777 euros y unos 1.300 brutos excluyendo el prorrateo de pagas extras, es una de las principales quejas que les transmiten los trabajadores. «El sueldo no nos llega», se lamentan en la base del retén de Letur los trabajadores durante la comida. Tanto es así que algunos han optado por buscar otras ocupaciones complementarias que les permitan llegar a fin de mes. Algo muy repetido en el resto de retenes de las sierras de Alcaraz y Segura, según refrendan Amores y Fernando.
Santiago lleva ocho años como peón forestal y ha tenido que «buscarse la vida» dedicándose además «a las plantas aromáticas». No es el único. Otros se dedican al turismo rural, o a otras labores.
Mejoras
Y aunque el sueldo es la principal preocupación de todos ellos, no es la única. El estado en el que encuentran los caminos de acceso tanto a algunas torres y retenes como los que conectan unos y otros puntos del monte no es el más adecuado. «Si tú llegas a un incendio cinco minutos más tarde, a lo mejor ese tiempo es fundamental para poder atajarlo», reflexiona Miguel Ángel,conductor del SEPEI, mientras comparte mesa con sus compañeros del retén de Letur. Sus más de dos décadas de experiencia avalan sus afirmaciones.
El suyo es un caso peculiar ya que pese a pertenecer al SEPEI, dependiente de la Diputación de Albacete, desempeña su labor con el dispositivo de Prevención y Extinción de Incendios Forestales que coordina Medio Ambiente.
«Las vías de acceso al monte están regular tirando a mal», apunta Jesús, agente medioambiental, insistiendo en que realizar un mantenimiento continuo de los caminos es esencial. Jesús, como la mayoría, tiene una amplísima experiencia. Empezó hace 17 años a trabajar como agente medioambiental y de ellos lleva 14 en Letur.
Precisamente el llevar tantos años de trabajo a sus espaldas les permite hablar con una mayor perspectiva acerca de la evolución que ha experimentado este oficio y de las mejoras que se han producido en las condiciones laborales y en las de las bases de los retenes y las casetas aunque en algunas aún no disponen de luz ni de agua.
Son conscientes de que aún queda mucho por andar pero reconocen y agradecen cada uno de los pasos dados. La principal consecución se produjo al ampliar el periodo de la campaña pasando de trabajar seis meses a los nueve actuales. Ahora esperan a que se cumpla el compromiso del Gobierno regional para que el trabajo se pueda prolongar durante los doce meses del año. «Para nosotros lo esencial era conseguir la estabilidad de los trabajadores, una vez alcanzada el siguiente paso será pedir una mejora considerable en los sueldos», dice Manuel Amores mientras se interesa por las cuestiones que le plantean sus compañeros.
Y es que la estabilidad contribuye a una profesionalización del servicio. Otra de las apuestas más valoradas tanto por el sindicato como por los propios trabajadores es el incremento de la labor formativa. Formación que llevan a cabo tanto desde el sindicato, con la realización de cursos sobre repoblación, primeros auxilios, desbroce de masas forestales, o para la obtención del certificado de profesionalidad del trabajador forestal, como desde la Administración. En este último caso se trata de formación continua enmarcada en la labor cotidiana de los miembros de los diferentes retenes.
En las cercanías de Elche de la Sierra realizan una práctica de autoprotección simulando que luchan contra un fuego real (en este caso imaginario) que en un momento dado comienza a cercarlos. Para evitar que las llamas lleguen hasta ellos acceden a la zona de seguridad en la que se ha ubicado el camión y alrededor se coloca una manguera rodeándolo que es agujereada consiguiendo así una cortina de agua que les proteja del fuego en una situación extrema. Pero este no es el único ejercicio que llevan a cabo periódicamente. También realizan prácticas para aprender a bajar y subir de un helicóptero, o de tendido de manguera, explica Fernando quien insiste en que el próximo objetivo es conseguir que el preparador físico se mantenga contratado no sólo en la campaña de extinción sino también en la de prevención.
Tras el ejercicio en el monte queda más que claro que la camaradería es una seña de identidad de estos trabajadores. «La confianza en tus compañeros en un trabajo como éste es esencial», matiza Fernando.
Tampoco cabe duda de que son trabajadores forestales por vocación y por sus raíces. «Este también es un medio de fijar población en estos pueblos», dice Jesús asegurando que sólo en Letur viven unas 15 familias de trabajadores forestales. Algo esencial en las dos sierras albaceteñas sobre todo si se tiene en cuenta que en la última década han perdido casi el 15% de su población.