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La matanza, una tradición que se mantiene viva en Ayna PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Bole   
domingo, 03 de febrero de 2008
Una vez al año, en los meses más fríos del invierno, con el objeto de poder proveer a la familia de carne, chorizos y morcillas, se reúnen las familias de los pueblos de Albacete para matar al gorrino.

La matanza del cerdo sigue siendo una celebración familiar /
Una de las primeras tradiciones que conocí cuando llegué a España fue la matanza. Al principio me pareció algo pintoresco, pero con los años, he aprendido a admirar y apreciar esta tradición medieval que sigue muy arraigada en los pueblos de la provincia.

Coger el coche y dirigirnos hacia Ayna, uno de los pueblos más bonitos de la sierra albaceteña, conocida como la suiza manchega, es una cita obligada; sobre todo porque normalmente llegamos a la hora en que se está preparando el ajo mataero. Ver a la tía Amparo darle vueltas al ajo es todo un espectáculo donde se mezclan los olores y el color del fuego, que de paso sirve para abrir el apetito y calentar el cuerpo del frío.

El día de la matanza también es especial porque se reencuentran los amigos de la infancia, primos que ya no se reconocen (porque han cambiado mucho); pero, sobre todo, es un día para estar con la familia, reír juntos, hacer bromas y recordar viejos tiempos.

Otra de las cosas que me cautivan de la matanza, es...
la oportunidad de poder conocer gente auténtica -yo estoy convencida que la gente de pueblo es la más sana y natural- conversar con ellos es un privilegio, el conocimiento que tienen del campo y de la vida es tan sabio y simple como la madre tierra (pachamama). Entre voces y sonrisas va pasando la tarde, todos juntos frente al fuego y después alrededor de una gran sartén donde el ajo mataero desprende un olor y color indescriptibles, con rebanadas de pan todos al ataque; ¡qué bueno que está el ajo! Un momento de silencio para el disfrute y después los mayores comentan y enseñan que lo mejor es comerlo con el pan a modo de cuchara, otros dicen que está muy caliente y lo mejor vendrá después cuando se haya asentado en el fondo. Lo cierto es que comer en familia, y en el caso de Ayna, en familia, amigos y allegados, es siempre un valor añadido que hace de la comida un momento especial.

Aunque lo mejor vendrá después, porque la tía Amparo y Presenta siguen trabajando en el fuego; ahora viene la corá (los pulmones y el hígado fritos con ajo, ¡qué manjar!), nuevamente todos juntos alrededor de la sartén, esta vez un poco más pequeña; también va pasando el porrón, «que no pare», y hasta los jóvenes quieren probar; no me puedo olvidar de las tajás de tocino, más sabrosas que las de bolsa.

Este año llegamos más temprano y la matanza empezó más tarde, lo que me dio la oportunidad de ver un poco más del trabajo que realizan. Los dos gorrinos colgados al techo, y en una mesa las primas limpiando las tripas para después hacer los chorizos y las morcillas. ¡Vaya trabajo el de limpiar las tripas!, pero ellas lo hacen con alegría y echando alguna que otra broma sobre lo que comía el gorrino. Aquí también pude apreciar que la matanza está ligada íntimamente al trabajo en grupo, a la familia y al compartir una tradición que sigue viva, donde hasta los más pequeños quieren participar porque saben que al final, la recompensa será una buena comida y una mejor compañía. Ésta es la perspectiva de alguien de fuera que valora la tradición, la familia y el compartir con los seres queridos, que en Albacete sigamos así siempre.

Fuente La Tribuna de Albacete.

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